Hay una idea que pesa mucho cuando la vida te pide empezar de nuevo: la de que todo lo anterior se perdió. Como si volver a empezar significara volver al principio. Como si el camino recorrido, los errores que te costaron, lo que aprendiste en los momentos más difíciles, no contara.
Pero empezar de nuevo no es volver a cero. Es volver a empezar con todo lo que sos ahora. Y lo que sos ahora incluye cada caída que levantaste, cada vez que elegiste seguir cuando podías haberte rendido, cada ciclo que cerraste aunque doliera. Eso no se borra. Eso es exactamente lo que llevás con vos cuando comenzás algo nuevo.
La tierra que parece vacía después de un final no está vacía. Está descansando. Preparándose para algo que todavía no puede verse pero que ya existe en semilla. Y eso que viene no llega a una persona sin historia. Llega a alguien que tiene raíces, que sabe lo que no quiere repetir, que elige desde un lugar más sabio y más honesto.
El comienzo que más vale no es el primero. Es el que hacés habiendo aprendido algo que antes no sabías. Ese tiene una profundidad que los principios sin historia no pueden tener.
¿Qué llevás con vos de todo lo vivido que va a ser tu mayor fortaleza en lo que viene?




