Fátima Galeano
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La diferencia entre estar acompañada y sentirte vista

Dos tazas de té en una mesa, pero una está sola, sin nadie frente a ella.

Podés estar rodeada de personas y sentirte completamente sola. Eso no es una contradicción ni una exageración: es una de las formas más silenciosas de dolor que existen. Estar acompañada es una condición física. Sentirte vista es algo completamente distinto. Requiere que alguien esté presente de verdad, no solo en el mismo cuarto, sino con toda su atención, sin teléfono, sin consejos apresurados, sin la prisa de resolver lo que vos ni siquiera terminaste de decir.

Sentirse vista implica que el otro puede sostener lo que mostrás sin intentar cambiarlo ni minimizarlo. Que cuando hablás, no escucha para responder sino para entender. Que tu dolor no le incomoda tanto que necesite apagarlo rápido con una solución o con un "pero mirá el lado bueno". A veces lo que más necesitamos no es que nos arreglen: es que alguien pueda quedarse con nosotras en la incomodidad sin correr.

Y esto también aplica a la relación que tenés con vos misma. ¿Te ves? ¿Te escuchás sin apurarte? ¿Te das el espacio para sentir lo que sentís antes de mandarte a "superarlo"? La conexión con los demás empieza en la capacidad de estar presentes con una misma. Cuando aprendés a verte, empezás a elegir mejor quién te acompaña.

¿En qué momento de tu vida necesitaste ser vista y no supiste cómo pedirlo?

— Fátima Galeano

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