¿Qué soñabas antes de que la vida te llenara de obligaciones? Ese deseo que tenías de joven, ese proyecto que fuiste dejando para después, esa versión de vos que quedó esperando mientras cumplías con todos los roles. Los sueños no siempre se mueren — a veces solo se quedan en pausa, esperando que vuelvas a acordarte de ellos.
La vida tiene esa forma de irnos alejando de lo que queríamos. Primero es "cuando termine esto", después "cuando los chicos crezcan", después "cuando tenga más tiempo". Y los "después" se van encadenando hasta que un día mirás atrás y el sueño quedó tan lejos que casi no lo reconocés. No porque no importara — sino porque siempre lo pusiste al final de la fila.
Pero ese sueño que dejaste esperando todavía está. Quizás cambió de forma, quizás ya no es exactamente igual, pero su raíz sigue ahí, latiendo. Retomarlo no significa abandonar todo lo demás. Significa devolverte a vos un lugar en tu propia lista de prioridades. Esos sueños no eran caprichos: eran señales de lo que tu alma quería vivir.
Hoy, acordate de un sueño que dejaste esperando y dale un gesto, por pequeño que sea. Averiguá algo, retomá un primer paso, escribilo aunque sea. No tenés que cumplirlo entero ya. Solo volver a ponerlo sobre la mesa, recordarle a tu vida que vos también tenés deseos esperando su turno.
¿Qué sueño dejaste esperando que hoy podrías volver a poner sobre la mesa?




