No te abandones justo cuando más necesitás de vos. Esa es la frase que vuelvo a decirme cuando llegan los días difíciles — y vuelven, siempre vuelven. No siempre vas a despertarte con ganas. No siempre vas a tener la energía para sostener lo que decidiste sostener. Algunos días, la mente te va a convencer de parar, de dejar, de postergar una vez más.
Esos son los días donde se decide quién sos. No los días buenos, donde todo fluye y elegirte es fácil. Los días donde elegirte cuesta. Los días donde nadie te ve, donde nadie aplaude, donde la decisión es invisible — y aun así te decís: "hoy también me elijo. Aunque sea con un paso mínimo".
Elegirte no siempre se ve heroico. A veces es tomar un vaso de agua cuando la mente quería otra distracción. A veces es respirar hondo antes de responder un mensaje. A veces es decirte una palabra amable cuando el reflejo era criticarte. Lo que parece pequeño es justamente donde se construye la mujer que querés ser.
No te abandones cuando más necesitás de vos. Porque ese día — exactamente ese día — es cuando se rompe o se sostiene la promesa que te hiciste. Y vos sos la única persona en el mundo que puede sostenerla. Nadie más puede elegirte por vos.
¿Cómo te elegís hoy, aunque sea con un paso mínimo?




