Hay cosas que solo se aprenden en el dolor. No porque el sufrimiento sea bueno en sí mismo, sino porque tiene la capacidad de abrir puertas que, en los momentos fáciles, permanecen cerradas. La alegría expande. El dolor, cuando se lo recibe de cierta manera, profundiza.
Algunas de las claridades más importantes que tenés hoy llegaron en tus momentos más difíciles. Supiste quién era quién cuando más lo necesitabas. Descubriste recursos que no sabías que tenías. Encontraste un límite que antes no podías nombrar. Entendiste algo sobre vos que ningún curso, ningún libro, ninguna época tranquila hubiera podido enseñarte de esa manera.
Eso no significa que el dolor fue necesario o que tenía que pasar así. No romantizo lo que te costó. Lo que sí puedo decirte es que la pregunta no es "¿por qué me pasó esto?", sino "¿qué hace posible en mí, hoy, lo que viví?". El sufrimiento que encuentra un sentido no desaparece, pero cambia de naturaleza. Se convierte en algo que te pertenece, no en algo que simplemente te ocurrió.
La mujer que hoy sos tiene raíces que crecieron en tierra difícil. Y eso no te define como víctima. Te define como alguien que siguió creciendo igual.
¿Qué aprendiste de vos en tu momento más difícil que todavía hoy te sostiene?




