Fátima Galeano
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El duelo tiene su tiempo

Habitación íntima en penumbra con sombras suaves

El duelo no se apura. No tiene reloj, no tiene calendario, no se acomoda al ritmo del afuera. Y sin embargo, vivimos en una cultura que te apura: "ya pasó un mes, ya tenés que estar mejor", "ya pasó un año, tenés que rehacer tu vida", "no podés seguir triste". Y vos, encima del dolor original, llevás el peso de no estar a tiempo.

Pero el alma tiene su propio ritmo, y no te lo dice antes — lo vas descubriendo. Algunos días vas a estar bien. Otros, sin razón aparente, te vas a desplomar. Y los dos están bien. No retrocede quien llora un día después de meses sin llorar. Avanza distinto, eso sí. Avanza con menos defensas, más adentro, más real.

Permitite el tiempo. No es debilidad necesitar más del que se supone. No es egoísmo seguir triste cuando todos esperaban que ya estuvieras alegre. El duelo bien atravesado no se mide en velocidad — se mide en honestidad. Cada lágrima que te dejás llorar te ahorra años de carga futura. Cada conversación que tenés con quien se fue te integra un poco más.

Vivir el duelo también es honrar lo que se fue. Y aunque no se ve, aunque cueste explicarlo, ese proceso te está construyendo. La mujer que sale de un duelo bien vivido no es la misma que entró. Es más blanda en algunas cosas, más firme en otras, más consciente de la fragilidad de lo que ama. Y eso también es regalo.

¿Qué duelo estás cargando hoy que necesita más tiempo del que te estás permitiendo?

— Fátima Galeano
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