Almita Bella, el miedo va a aparecer. Frente a lo que importa, frente al cambio, frente a animarte a algo nuevo, esa sensación en el pecho va a estar ahí. Y muchas veces, sin darte cuenta, le entregás el volante: dejás que el miedo elija por vos, que decida qué hacés y qué no, hasta dónde llegás.
Pero el miedo no es una señal de que algo está mal. Casi siempre es una señal de que algo te importa. Sentir miedo no significa que no estés lista; significa que estás por hacer algo que tiene valor para vos. El problema no es tenerlo —eso es humano—. El problema es dejar que sea él quien maneje tu vida.
No se trata de esperar a que el miedo desaparezca, porque puede que no se vaya del todo. Se trata de aprender a caminar con él al lado, sin que vaya al volante. Podés tener miedo y avanzar igual. De hecho, el coraje siempre fue eso: no la ausencia de miedo, sino la decisión de moverte aunque esté presente.
Hoy, identificá una cosa pequeña que el miedo te viene impidiendo. No la más grande: una accesible. Y hacela igual, con el miedo a bordo si hace falta. Porque cada vez que actuás a pesar de él, le recordás quién maneja tu vida. Y esa sos vos.
¿Qué decisión venís dejando en manos del miedo en lugar de tomarla vos?




