Fátima Galeano
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Poner el cuerpo en lo que decís que querés

mujer descalza pisando tierra firme, con los pies visibles y el horizonte abierto delante

Es fácil decir lo que querés. Mucho más difícil es poner el cuerpo en eso que decís. Y el cuerpo no miente: sabe cuándo estás avanzando hacia algo de verdad y cuándo solo lo estás pensando desde lejos. Esa diferencia —entre la intención declarada y la acción encarnada— es una de las más reveladoras que existen.

Damasio lo muestra desde la neurociencia: el cuerpo no es un vehículo pasivo que ejecuta lo que la mente decide. Es parte activa del proceso de tomar decisiones. Hay señales físicas —una tensión, una apertura, una contracción, algo que se calma o algo que se enciende— que aparecen antes de que la mente termine de razonar. Cuando ignorás esas señales y seguís solo en el plano de las palabras y los planes, estás dejando afuera una fuente enorme de información sobre lo que realmente querés. El cuerpo ya sabe lo que todavía no te animás a decir.

Poner el cuerpo en lo que querés no significa actuar impulsivamente. Significa empezar a notar si tus acciones cotidianas se alinean con lo que declarás que es importante. Si decís que tu bienestar importa pero no dormís, no te movés, no te detenés a comer con presencia. Si decís que esa relación importa pero no le dedicás tiempo de calidad. Si decís que querés cambiar pero tus hábitos diarios apuntan al lugar de siempre. El cuerpo expresa la coherencia, o la falta de ella.

Elegí una sola cosa que dijiste que querías y que todavía no le pusiste el cuerpo.

¿Qué gesto pequeño y concreto podés hacer hoy para empezar a habitarla de verdad?

— Fátima Galeano

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