Fátima Galeano
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La diferencia entre escuchar y esperar tu turno

dos mujeres sentadas frente a frente, una mirando a la otra con atención genuina, luz cálida

¿Cuántas veces, mientras alguien te habla, ya estás armando tu respuesta? Es casi automático. La mente va más rápido que las palabras, y mientras el otro todavía está en el medio de su frase, vos ya estás pensando en lo que vas a decir cuando termine. Eso no es escuchar. Es esperar el turno.

La escucha real es otra cosa. Es más lenta, más exigente, y también mucho más poderosa. Implica vaciarse un poco de los propios pensamientos para dejar entrar los del otro. No para estar de acuerdo necesariamente, sino para que la otra persona sienta que lo que dijo llegó, que aterrizó en alguien que de verdad estuvo presente.

La diferencia en la calidad de los vínculos que construís depende, en gran parte, de qué tan presente estás cuando alguien te habla. Porque cuando alguien siente que realmente fue escuchado —sin consejos prematuros, sin interrupciones, sin que le digas que a vos también te pasó algo parecido— algo se afloja en él. Se abre. La conexión se hace real.

Y eso que le das al otro, con el tiempo, aprendés a dártelo a vos misma también: la capacidad de estar presente con lo que sentís, sin apurarte a resolverlo.

¿Cuándo fue la última vez que alguien te escuchó de verdad, y cómo se sintió eso?

— Fátima Galeano

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