Hay un tipo de cansancio que no se va con dormir. Es el cansancio de cargar sola lo que debería repartirse. De ser la que organiza, la que recuerda, la que sostiene, la que resuelve. De estar pendiente de todos mientras nadie nota que vos también necesitás que alguien esté pendiente de vos.
Muchas mujeres aprendieron desde muy temprano que necesitar era peligroso, o al menos incómodo. Que pedir mostraba debilidad, o que simplemente era más fácil hacerlo una misma que explicarle a alguien cómo. Y así se fue instalando ese modo de funcionar en solitario que se parece mucho a la fortaleza pero que, por dentro, pesa enormemente.
El problema no es la capacidad. Es que cargar sola durante demasiado tiempo deja cicatrices silenciosas: el resentimiento que se acumula sin decirlo, la sensación de que nadie puede con lo que vos podés, la dificultad de recibir ayuda aunque alguien la ofrezca.
Permitirte ser ayudada, permitirte pedir, permitirte decir "hoy no puedo con todo" no es rendirte. Es reconocer que sos humana. Y que lo humano necesita del otro para seguir caminando.
¿Qué estás cargando sola hoy que podrías empezar a soltar, pedir o compartir?




