Almita Bella, hay noches del alma en las que todo parece oscuro. Momentos donde no ves la salida, donde el dolor lo ocupa todo, donde cuesta imaginar que algún día esto va a pasar. Y en medio de esa oscuridad, la esperanza se siente lejana, casi imposible, como una luz que no sabés si todavía existe.
Pero incluso en la noche más cerrada, siempre queda una luz encendida. Puede ser pequeña, apenas una brasa, pero está. Es esa parte tuya que sigue respirando, que no se rinde del todo, que a pesar de todo te trajo hasta acá. La oscuridad es real, no te voy a decir que no. Pero nunca es lo único que hay, aunque por momentos lo parezca.
La esperanza no es negar la oscuridad ni fingir que todo está bien. Es confiar en que la noche, por más larga que sea, no es para siempre. Vos ya atravesaste otras noches que creíste eternas, y amaneciste. Lo que para la oruga es el final, para la mariposa es apenas el comienzo. Esta oscuridad también puede ser el capullo donde algo nuevo se está gestando, aunque hoy no puedas verlo.
Hoy, si estás en una noche difícil, no te exijas ver toda la luz. Alcanza con sostener una pequeña esperanza: esto también va a pasar. Respirá, descansá, confiá en que la mañana llega aunque ahora no la veas. Mientras sigas respirando, hay una luz encendida en vos. Que descanses sabiendo que la noche no es el final.
¿Qué pequeña luz todavía sigue encendida en vos, aun en medio de lo difícil?




