¿Te exigís sanar rápido? Querés ya estar bien, ya haber superado esto, ya ser la versión sana y plena de vos. Y cuando el proceso se hace largo, cuando hay recaídas, cuando un día estás mejor y al otro volvés a caer, te frustrás con vos misma, como si tardar fuera una falla.
Pero la sanación no es una línea recta. Es un camino con idas y vueltas, con días de avance y días de retroceso, con vueltas a lugares que creías superados. Eso no significa que no estés progresando; significa que sos humana y que las heridas profundas no se cierran de un día para el otro. Exigirte sanar rápido solo le agrega sufrimiento al que ya tenés.
Tener paciencia con tu proceso no es resignarte a no avanzar. Es acompañarte con amor en lugar de con látigo. Es entender que cada persona tiene su tiempo, y que el tuyo no se mide comparándote con nadie. Una herida forzada se vuelve a abrir; una herida acompañada se va integrando. Sé con vos tan paciente como serías con alguien que amás y está sanando.
Hoy, en lugar de exigirte estar ya curada, preguntate si te estás acompañando con paciencia. Date el permiso de tardar lo que necesites, sin culpa. Reconocé lo que ya avanzaste, aunque falte camino. Tratarte con paciencia en tu proceso también es una forma de volver a vos.
¿Te estás acompañando con paciencia en tu proceso, o te exigís sanar más rápido de lo que se puede?




