Fátima Galeano
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Tu sensibilidad no es debilidad

Tu sensibilidad no es debilidad

Almita Bella, ¿te dijeron alguna vez que sos demasiado sensible? Que te afecta todo, que llorás por nada, que tenés que endurecerte para que el mundo no te lastime. Y quizás aprendiste a vivir tu sensibilidad como un defecto, algo que esconder, una debilidad que te hace frágil ante una vida que parece premiar a los duros.

Pero tu sensibilidad no es una debilidad. Es una forma profunda de estar en el mundo. Sentir mucho significa que percibís lo que otros no ven, que te conmovés, que tu corazón sigue abierto a pesar de todo lo que vivió. Eso que te dijeron que era de más es, en realidad, una de las cosas más valiosas que tenés: la capacidad de sentir hondo y de hacer sentir a otros.

El mundo no necesita que te endurezcas. Necesita más personas que sientan, que se conmuevan, que cuiden. Tu sensibilidad es la raíz de tu empatía, de tu intuición, de tu capacidad de amar. Sí, también te hace doler más. Pero quien siente profundo el dolor, también siente profundo el amor, la belleza, la alegría. No cambiarías eso aunque pudieras.

Hoy, en lugar de pelear con tu sensibilidad, agradecele. Esa parte tuya que siente todo es la misma que te permite emocionarte con la vida. No la endurezcas: cuidala. Ponele límites al mundo, no a tu corazón. Que descanses esta noche en paz con tu forma de sentir, sabiendo que sentir hondo nunca fue un defecto.

¿Qué cambiaría si dejaras de ver tu sensibilidad como un defecto y empezaras a cuidarla como un don?

— Fátima Galeano

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