Almita Bella, la paciencia tiene muy buena prensa. Nos enseñaron que es una virtud, y en muchos casos lo es. Pero hay una versión de la paciencia que no es virtud: es evitación disfrazada de calma. Y aprender a distinguir una de la otra puede cambiar mucho la dirección de tu vida.
La paciencia real es activa. Estás en movimiento, haciendo lo que podés con lo que tenés, y confiando en que el proceso tiene su tiempo. No te estás quieta: estás trabajando en silencio, sembrando, sosteniéndote. Esa paciencia tiene propósito y dirección. La evitación, en cambio, se parece mucho a la paciencia por fuera, pero por dentro hay otra cosa: hay miedo, hay postergación, hay una conversación que no querés tener o una decisión que no querés tomar. Y le llamás "paciencia" porque es más fácil esperar que moverse.
Walter Riso lo plantea con claridad: la mente rígida prefiere la inmovilidad a la incomodidad del cambio. No es que no pueda moverse — es que el costo emocional de moverse se siente demasiado alto. Y mientras tanto, el tiempo pasa.
La pregunta no es si sos paciente. La pregunta es: ¿estás esperando porque es el momento correcto, o estás esperando para no tener que elegir?
¿Hay algo en tu vida que llames paciencia y que en el fondo sepas que es miedo?




