Almita Bella, prestá atención a lo que hacés cuando no tenés nada obligatorio que hacer. Ese momento — el rato libre, el hueco inesperado en la agenda, el domingo sin planes — revela cosas que la rutina esconde. Revela quién sos cuando nadie te está mirando ni pidiendo nada.
Hay mujeres que en cuanto aparece ese espacio lo llenan de inmediato. Cualquier cosa antes que el silencio. Cualquier ocupación antes que estar con lo que hay adentro. No porque sean poco reflexivas, sino porque el tiempo libre sin estructura puede volverse incómodo cuando no estás acostumbrada a elegirte sin un motivo externo que lo justifique. Si tu identidad está construida alrededor de lo que producís o cuidás, el tiempo que no produce ni cuida puede sentirse como tiempo perdido — y eso dice mucho.
Desde el coaching ontológico, lo que elegís hacer cuando tenés plena libertad es una declaración de quién sos hoy y de lo que valorás. No de quién deberías ser. De quién sos. Y a veces esa observación es incómoda, porque no siempre coincide con la imagen que tenemos de nosotras mismas.
El tiempo libre no es un premio al final de la semana. Es un espejo. Mirarlo sin juzgarlo es un acto de valentía y de conocimiento propio.
¿Qué elegís hacer cuando el tiempo es completamente tuyo, y qué te dice esa elección sobre vos?




