Hay partes de tu historia que no elegiste. El hogar en el que creciste, la pérdida que llegó sin aviso, la circunstancia que cambió todo sin pedirte permiso. Y durante mucho tiempo, quizás, gastaste energía resistiendo esa realidad: buscando culpables, preguntándote por qué, imaginando cómo hubiera sido de otra manera.
Pero hay una diferencia entre entender lo que te pasó y seguir peleando contra ello. Viktor Frankl, que sobrevivió una de las experiencias más extremas que puede vivir un ser humano, llegó a una conclusión que todavía resuena: no siempre podemos elegir lo que nos ocurre, pero sí podemos elegir la actitud con la que lo cargamos. Y esa elección, por pequeña que parezca, lo cambia todo.
Hacer las paces con lo que no elegiste no significa que estás de acuerdo con ello. No significa que estuvo bien o que no dolió. Significa que decidís dejar de dejar que eso tenga más poder sobre tu presente del que le corresponde. Que el hecho ya pasó, pero el significado que le das podés construirlo vos.
Esto no es resignación. Es lo contrario: es recuperar el timón de tu propia vida.
¿Qué parte de tu historia todavía estás resistiendo, y qué pasaría si en vez de pelear con ella empezaras a construir desde ella?




