Fátima Galeano
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La diferencia entre sentirte culpable y hacerte responsable

mujer de espaldas mirando el horizonte al atardecer, postura serena pero firme

Hay dos maneras de enfrentar lo que salió mal. Una te hunde. La otra te mueve. La culpa te dice "soy mala persona". La responsabilidad te dice "esto no salió bien, ¿y ahora qué hago yo con eso?". Parecen lo mismo porque las dos aparecen después del error, pero te llevan a lugares completamente distintos.

La culpa vive en el pasado. Te hace dar vueltas y vueltas sobre lo que hiciste, lo que dijiste, lo que no supiste ver a tiempo. Te condena. Y mientras estás condenada, no podés moverte, porque nadie actúa bien cuando se siente fundamentalmente defectuosa. La responsabilidad, en cambio, no niega lo que pasó, pero sí elige otra pregunta: no "¿qué tan mala fui?", sino "¿qué está en mis manos hacer ahora?". Es una postura que reconoce el daño sin destruirte a vos en el proceso.

Lo que diferencia a una de la otra no es el dolor, porque las dos duelen. Es el movimiento que generan. Hacerte responsable es un acto de poder, no de castigo. Es decir: "esto ocurrió, yo fui parte, y desde acá puedo elegir distinto". Eso requiere honestidad y también algo de compasión hacia vos misma, porque nadie aprende bien cuando se trata con dureza. El error es parte del proceso, no una sentencia sobre quién sos.

La próxima vez que algo no salga como esperabas, observá qué pregunta te aparece primero. Si es "¿cómo pude?", es la culpa hablando. Si es "¿qué hago ahora?", es la responsabilidad. Hacé todo lo posible para quedarte en la segunda.

¿En qué parte de tu vida estás cargando culpa donde en realidad necesitás responsabilidad?

— Fátima Galeano

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